Semana del 16 al 22 de Noviembre de 2008.
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
La Palabra de Dios:
1ª Lectura: Prov. 31,10-13.19s.30s.: "Trabaja con la destreza de sus manos"
Salmo: 127,1s.3.4s.: "Dichoso el que teme al Señor"
2ª Lectura: 1Ts 5,1-6: "El día del Señor llegará como un ladrón en la noche"
Evangelio: Mt 25,14-30: "Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor"
Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo +++ (Mt 25,14-30)
Escuchen también esto. Un hombre estaba a punto de partir a tierras lejanas, y reunió a sus servidores para confiarles todas sus pertenencias. Al primero le dio cinco talentos de oro, a otro le dio dos, y al tercero solamente uno, a cada cual según su capacidad. Después se marchó.
El que recibió cinco talentos negoció en seguida con el dinero y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo otro tanto, y ganó otros dos. Pero el que recibió uno cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su patrón. Después de mucho tiempo vino el señor de esos servidores y les pidió cuentas. El que había recibido cinco talentos le presentó otros cinco más, diciéndole: “Señor, tú me entregaste cinco talentos, pero aquí están otros cinco más que gané con ellos.”
El patrón le contestó: “Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón."
Vino después el que recibió dos, y dijo: “Señor, tú me entregaste dos talentos, pero aquí tienes otros dos más que gané con ellos.” El patrón le dijo: “Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón”.
Por último vino el que había recibido un solo talento y dijo: “Señor, yo sabía que eres un hombre exigente, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has invertido. Por eso yo tuve miedo y escondí en la tierra tu dinero. Aquí tienes lo que es tuyo.”
Pero su patrón le contestó: “¡Servidor malo y perezoso! Si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he invertido, debías haber colocado mi dinero en el banco. A mi regreso yo lo habría recuperado con los intereses. Quítenle, pues, el talento y entréguenselo al que tiene diez.
Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese servidor inútil, échenlo a la oscuridad de afuera: allí será el llorar y el rechinar de dientes.”
2.- Referencias para la mejor comprensión del Evangelio:
El contexto de esta parábola
Mateo y Lucas sitúan esta parábola entre las últimas que utilizó el Señor para enseñar a sus discípulos... De hecho, es interesante ver cómo está planteada por Jesús, aludiendo claramente a su pronta muerte. Dice: “Un hombre estaba a punto de partir a tierras lejanas, y reunió a sus servidores...”
En el Evangelio de Lucas (19,11-27), se nos habla de un rey, que debía ausentarse para recibir la investidura de su reino, y el hecho está situado poco antes del ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén, que era cuando sus discípulos esperaban que se manifestara, ya con todo su poder y Gloria, el Reino... ¡Pero el Reino se manifestaría primero a través de la Pasión y Muerte Redentora de Jesucristo, porque ese era el Plan de Dios!
Un “talento” no era, como algunos creen, una moneda específica, sino una medida de peso: unos treinta kilos, aproximadamente. Sin embargo, tenía un valor real de intercambio en el mercado, correspondiente a 21 kilos y medio de plata, que era más o menos el equivalente a unos tres mil quinientos dólares de hoy. Con un grado de precisión bastante aceptable, podríamos decir entonces que el primer servidor recibió 15 mil dólares, el segundo siete mil y el tercero tres mil quinientos, aunque claro, estos son detalles puramente materiales; lo que viene a importar siempre es qué hizo cada uno con lo que recibió.
El término “talento” se utiliza hoy como sinónimo de APTITUD. Unos recibieron de Dios una aptitud especial para la música, otros para hablar, otros para escribir; algunos para hacer negocios, otros para pintar; unos para pensar y aconsejar, otros para influir sobre los demás, para motivarlos; en fin... todos hemos recibido varios dones del Señor para ponerlos al servicio de Él y para servir, de una y mil formas, a las comunidades dentro de las cuales estamos... la familia, el trabajo, el Apostolado, la sociedad en su conjunto, la ciudad, el país, la humanidad...
El problema mayor es que casi todos creen que los talentos (sean naturales o adquiridos; es decir, innatos o aprendidos), son sólo para beneficio personal, o a lo sumo familiar, olvidándose de que todos son un regalo de Dios, y por ello mismo deben de estar puestos, en primer lugar, a Su servicio y luego al servicio de los demás.
Esta parábola es, a nuestro criterio, una de las más ricas en enseñanzas acerca de lo que el Señor se espera de nosotros, que en verdad es algo simple, como todas las cosas de Dios... Pero para tratar de sacar el mayor provecho de esta lectura, sintetizando la expresión de nuestras reflexiones, vayamos por partes:
1º) La Palabra del Señor nos dice que los servidores fueron llamados porque su patrón quería confiarles TODAS SUS PERTENENCIAS... Esto es lo que en rigor sucedió con la partida de Jesucristo, y lo que sucede hoy mismo: Dios confió a sus discípulos la continuación de Su Obra: la Redención del género humano... Es exactamente lo mismo que hace hoy con nosotros, apóstoles de la Nueva Evangelización: “Hijos Míos, vuelquen sus pensamientos y su amor desinteresado sobre cómo poder salvar a los pecadores, porque saben muy bien que nada hay tan precioso en el mundo como las almas. ¡Háganse santos para que puedan ser verdaderamente Mis apóstoles, revestidos de Cristo ante la faz de Mi Padre!
Cuando Mi Padre escoge un alma para darle la gracia de ser uno de los elegidos, la destina a que ya en la tierra sea semejante a Mí. ¿Y en qué debe ser semejante a Mí? En el amor y en la aceptación de los sufrimientos. Si en esto Me siguen, Mi Padre Me reconocerá en ustedes. Las almas escogidas pueden esforzarse por salvar almas con la oración fervorosa, con la práctica de la caridad activa y servicial, con la mansedumbre, con la humildad, con la mortificación, pero sobre todo, con la aceptación paciente de los sufrimientos.” (Gran Cruzada del Amor 135)
2º) La parábola nos dice que el amo dio A CADA CUAL SEGÚN SU CAPACIDAD, y es así como Dios distribuye los talentos; y así también luego nos pedirá cuentas... a cada quien quién según lo que le dio. Es por eso que la excusa del tercer servidor, culpándole encima a su patrón de ser un amo exigente, y hasta injusto (porque le dice que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha invertido) no es más que eso: una excusa; un pretexto, con el cual pretende esconder su pereza e ineptitud, el no haber estado él a la altura de la confianza que se le depositó (que de antemano, no era mucha, pues se ve que el patrón algo le conocía).
El Señor nos pedirá cuentas, a cada quien quién según lo que le dio. Si tratamos de verlo desde la perspectiva de nuestra labor apostólica, podríamos decir que a los animadores de casitas les exigirá más que a los “simples” miembros, y a éstos más que a los “simpatizantes”... Los Coordinadores de Ministerio deberán producir mucho más que el resto, y quienes tienen a su cargo la conducción de esta Obra en una ciudad o en un país deberán darlo directamente todo. Por ello, no debemos cansarnos de ORAR (los unos por los otros) y de HACER, según nos inspira el Señor, y según nos orientan nuestros superiores. El tiempo es limitado, los obreros pocos y la mies abundante, pero todo debe partir, (como bien nos dice el Señor) de Getsemaní... pues sin fortalecernos previamente en la oración no tendremos el valor y el ánimo para ofrecernos en el Altar del Gólgota.
3º) El Señor contó en su historia que EL QUE RECIBIÓ CINCO TALENTOS NEGOCIÓ EN SEGUIDA, esto nos sugiere, una vez más, que el amo conocía bien a sus criados (como el Señor nos conoce a nosotros); por eso es que éste primero resultó ser a quien más se le había confiado. La enseñanza que nos deja el análisis de este personaje, además de su fidelidad, es la de la premura para atender las cosas del Señor.
La actitud del último servidor en cambio es no sólo conservadora, sino también más cómoda ¡Terrible comodidad!, pero hay además algo nefasto en ella, por eso su amo le reclamará el no haber puesto ese dinero en un banco: NI PRODUJO, NI DEJÓ QUE SE PRODUJERA. Debemos atender especialmente este asunto.
El Evangelio de esta semana es una nueva y urgente invitación del Señor a revisar cómo estamos viviendo; a analizar cómo estamos utilizando cada uno de los dones que Él nos dio... cómo ocupamos nuestro tiempo, y en concreto, cuánto de ese tiempo, cuánto de nuestra energía, de nuestras capacidades y esfuerzos, está destinado a Dios... Para poder trabajar bien al servicio de Dios debemos ir desprendiéndonos de nuestros apegos.
Es cierto que la mayoría de nosotros ha vivido ya más de la mitad de su vida. Algunos pasaron los dos tercios, y otros hasta sentirán que ya están “jugando los descuentos”... y por ello, como parte de un mecanismo de natural defensa de la propia personalidad, muchas veces evitaremos profundizar en estas reflexiones, para no terminar deprimidos, o con un sentimiento de culpa que nos acompañe hasta la tumba.
La buena noticia es que a Jesús le interesa mucho más lo que vamos a hacer desde hoy, y no todo lo malo que hayamos hecho (o lo bueno que hayamos dejado de hacer) antes. Lo que le importa es lo que sigue desde ahora, pero no desde mañana, desde el primero de diciembre, o desde que comience el nuevo año. LA CONVERSIÓN COMIENZA HOY O NO COMIENZA NUNCA. Leamos con mucha atención las Reflexiones de la Gran Cruzada. La urgencia de Dios apremia.
3.- Preguntas para orientar la reflexión:
(Leer pausadamente cada inciso, y dejar un instante de silencio después de cada pregunta, para permitir la reflexión de los hermanos)
a) Si Dios me dio tantos dones, ¿voy a rechazar su Gracia, haciendo que produzcan menos fruto del que debieran? ¿Voy a tratar de “administrarlos” según mis propios criterios, en vez de orientarlos hacia los de Él?
b) Si soy buen orador, ¿por qué no predico? Si soy buen trabajador, ¿por qué no me esfuerzo más en las obras de Dios? ¿Siento que de verdad me gasto –o desgasto- trabajando para Dios, o todavía me falta para ello?
c) ¿Qué dones de Dios puedo reconocer en mi persona, en mi vida, y en mi historia personal? ¿Cuáles he sabido hacer producir y cuántos estoy desaprovechando? (PERMANECER 2 a 3 MINUTOS EN SILENCIO, LUEGO DE LEER ESTE INCISO, PARA REFLEXIONAR SOBRE ESTE PUNTO: Repetir la pregunta, si es necesario)
4.- Comentarios de los hermanos:
Luego de unos momentos de silencio se concederá la palabra a los participantes de la Casita de Oración para que expresen sus opiniones, reflexiones y comentarios. Como siempre, se buscará la participación de todos.
5.- Concordancias del Evangelio con el Catecismo de la Iglesia Católica:
Lo que nos dice la fe: 679 (El Hijo no ha venido para juzgar)
679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. “Adquirió” este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado “todo juicio al Hijo”. Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar y para dar la vida que hay en Él. Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo; es retribuido según sus obras y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor.
Nuestra respuesta: 1696 (Eligiendo el camino de Cristo) 1470 (El tribunal de misericordia de la Iglesia)
1696 El camino de Cristo “lleva a la vida”, un camino contrario “lleva a la perdición” (Mt 7,13; Cfr. Deut 30,15-20). La parábola evangélica de los dos caminos está siempre presente en la catequesis de la Iglesia. Significa la importancia de las decisiones morales para nuestra salvación. “Hay dos caminos, el uno de la vida, el otro de la muerte; pero entre los dos, una gran diferencia” (Didaché, 1,1).
6.- Reflexionando con la Gran Cruzada:
CA 135: En el mundo de hoy hay mayor necesidad de corderos para el sacrificio. Pero deben pensar que la participación en la obra de la Redención no sólo puede consistir en el sacrificio. Hay que partir desde el huerto de Getsemaní (DESDE LA ORACIÓN) y seguir el camino que recorrí. Sin esto no hay méritos ni ofrenda de vida fecunda puesto que cuanto más pronta es la entrega de un alma, tanto más glorifica al Padre y por eso, más almas ayuda a salvar y será bienhechor de la humanidad entera (...) Un alma así coopera eficazmente a la conversión de los pecadores, al alivio de los enfermos, a la salvación de los moribundos, para que las almas lleguen a la felicidad eterna.
CM 10: No traten de ocultarse diciendo que el mundo es el culpable. También la culpa es suya, porque no han buscado un tiempo para la oración, para el crecimiento espiritual como pareja y como familia, la culpa es suya por no haber participado de la Santa Misa y en ella recibir su medicina: Yo mismo. La culpa es suya por no haber llenado su corazón de sabiduría, verdad, luz, salvación, alegría, paz y el amor de Mi Padre: Todo esto viene por el conocimiento de la Santa Biblia.
Yo Soy la solución y esta solución viene por medio de la Palabra. Buscar en primer lugar el Reino de Dios, quiere decir buscar en primer lugar al Rey de Reyes y todo rey ejerce su reinado por medio de sus edictos, de sus normas, de sus leyes. Yo como Rey, ejerzo Mi reinado sobre ustedes por medio de Mi Palabra, donde les digo lo que deben y no deben hacer.
Corran, hijas Mías, aún es tiempo de salvar a su familia, corran; no pierdan ni un día más, corran hacia la Misa y participen de ese encuentro Conmigo en la Eucaristía. Oren todos los días, únanse a Mi Madre en el Santo Rosario que es la oración por medio de la cual se unen Conmigo a través de la mejor esposa y madre que hubo en la historia de la humanidad: María.
La Biblia dice que la palabra nunca vuelve a Dios sin producir fruto y hoy ella deberá producir fruto en tu corazón. Sólo Yo puedo tomarte de la mano y decirte: "No, por ahí no, por ahí es la muerte, el sufrimiento, la destrucción. Ven hacia acá, donde está la vida, donde está la alegría, donde está la salvación".
Conságrense y consagren sus familias a Nuestros Corazones. Empiecen a orar con los suyos, sin imponerse, una pequeña oración en la mañana, en la mesa, en la noche. Quien no ora, no tiene deseo de orar. Familia que ora, es familia que vive unida. Esposo que ora, es esposo fiel. Esposa que ora, es esposa responsable de su familia. Hijos que oran, son respetuosos de sus padres. ¿Quién tiene la culpa de que sus hogares estén mal, el mundo?....
CA 173: Antes de que el Señor abrace al mundo con el fuego de Su ira, es preciso que los buenos enciendan en el corazón de sus hermanos el fuego del amor. Es una responsabilidad que incumbe a toda alma y este Mensaje debería reclutar a todos. Es la hora de la gran batalla. El que tenga una espada que la desenvaine.
Sodoma, Gomorra, Hiroshima, Croacia... Las almas serán levantadas como el polvo en las grandes ventiscas y echadas de la Faz de Dios al fuego eterno.
CS 8: Quiero un verdadero cambio de vida en ustedes, quiero que cada día amanezcan con un renovarse en la Fe y en la Consagración a Nuestros Corazones, el Corazón Santísimo y Sagrado de Jesús y a Mi Inmaculado Corazón. Renuévense desde adentro, hija, pídeles a Mis hijos un verdadera conversión... Ustedes no pueden decir que están convertidos si no ven las necesidades de su prójimo, no pueden hablar de conversión si siempre están pendientes de sus problemas económicos... Aprendan a confiar en la Misericordia y Providencia divinas, que son infinitas y llenas de gratuidad.
Yo te pido, que digas a Mis hijos que oren y hagan actos de reparación ante el Santísimo Sacramento, porque días muy amargos vendrán para la Iglesia de Mi Hijo si los Sacerdotes y religiosos no vuelven verdaderamente sus corazones a Dios... Es preciso que ustedes, los laicos vayan hacia ellos, que les prodiguen el amor y la verdadera entrega...
Es el último llamado a las Almas Consagradas, son los minutos en que aun se está derramando sobre el mundo la Misericordia de Dios... No desaprovechen esta gran invitación de Dios... los está llamando, de las plazas y los caminos para que ustedes compartan Su verdadero Banquete. ¿Qué más puede llamarse Banquete, que todo lo que reciben de Nosotros? El va preparando con inmenso amor cada alimento, pensando en cada uno, individualmente y Yo Voy sirviendo junto a El cada plato, revistiéndolo de una ternura incomparable. ¿Qué más puede pedir el hombre hoy?... Pero allá, están los otros, lejos de la invitación, corran a llevarles un poco del alimento que hoy a ustedes les sobra, no vaya a ser que ellos se mueran de hambre porque no se los ayudó a servirse el alimento en la boca. Oportunidad se les dio, pero no supieron aprovechar de tantos Manjares. ¡Ayúdenlos, por favor!... (María)
7.- Comentarios finales:
Se concede nuevamente la palabra para referirse brevemente a los textos leídos (del Catecismo o de la Gran Cruzada) o a cualquier otro tema de interés para la Casita, para el Apostolado o para la Iglesia en general.
8.- Virtud del mes: Durante este mes de noviembre, practicaremos la virtud de la Humildad (Catecismo de la Iglesia Católica: Cánones 2546, 2613, 2559, 2540, 1450)
Esta Semana veremos el canon 2559, que dice textualmente lo siguiente:
2559 ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado. La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rom 8,26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (Cfr. San Agustín).
Y La Gran Cruzada nos dice al respecto:
CA 133 Les pido que renueven sus vidas día a día, que sean humildes en la oración, aprendan a pedir con sencillez, con la misma sencillez con la que los niños piden algo a sus padres. No quiero palabras y frases rebuscadas para que las oigan sus hermanos, quiero palabras sencillas pero moduladas con el corazón.
9.- Propósito Semanal: ANALIZARÉ A CONCIENCIA LOS DONES QUE ME DIO EL SEÑOR Y VERÉ CUÁLES DE ELLOS ESTÁN IMPRODUCTIVOS, PARA PROPONERME FIRMEMENTE HACERLES DAR MÁS FRUTO.
Analizaré en la práctica, mi forma de orar a Dios, para buscar que sea sencilla y humilde, confiada y veraz, como las oraciones de Jesús a su Padre del cielo.