Consagración Total a Jesús
a través del Inmaculado Corazón de María

¿Cuántas veces en tu vida te has propuesto “firmemente” realizar
un cambio de rumbo radical y definitivo? ¿Cuántas Navidades y Año
Nuevos, cuántas Cuaresmas y fiestas de Pentecostés han pasado sin
que de verdad consigas hacerlo?
¡Ánimo! Nos ha sucedido a todos… Y aunque dicen que “mal
de muchos es consuelo de tontos”, vaya que de alguna manera nos tranquiliza
saber que lo que nos pasa es bastante “normal” y frecuente.
¡Cuántas veces no hacemos el bien que queremos, sino el mal que
detestamos!, como decía el mismo San Pablo… (Cfr. Rom 7, 14 y ss.).
Y es que eso nos ocurre a todos (o a casi todos), por nuestra naturaleza caída;
porque, como dice Pablo, al ser hombres de carne, estamos “vendidos al
pecado”…
Pero cuando prevalece en nosotros la pureza de intención, y fundamos nuestra
esperanza en el Señor, Él mismo va poniéndonos al alcance
valiosos instrumentos para obtener Su Gracia; en primer término, por supuesto,
a través de los Sacramentos.
Precisamente en esta oportunidad, queremos compartir contigo un valiosísimo
escrito, al que habíamos aludido ya en el Nº 6 de Jesucristo Vivo;
un documento reconocido por la Iglesia Católica y recomendado por el Santo
Padre para el crecimiento espiritual de quienes ciertamente desean avanzar en
el camino de la fe y la santidad.
Como te decíamos en aquella edición de nuestra revista, el “Tratado
de la Verdadera Devoción a María” es un libro que supuso
un viraje decisivo en la vida de Juan Pablo II, y de muchas almas a lo largo
de la historia. Naturalmente, también puede servirte a ti…
En la misma introducción de la obra leemos lo siguiente: “Este
libro ha sido escrito por un san y ya ha formado otros San. Ahora está en
tus manos, porque también tú puedas convertirte en San...”
Este fundamental documento, de San Luis María Grignion de Montfort,
te ayuda a renovar, a través de una intensa preparación, la entrega
a Dios que debiera ser nuestro principal destino, a partir del bautismo.
En efecto, si al bautizarnos renunciamos al pecado, hacemos un compromiso con
Cristo y entramos en Él y en Su Iglesia, por deseo amoroso de nuestros
padres y padrinos; al hacer voluntaria y conscientemente esta consagración
ahora, ya como adultos, renunciaremos consciente y definitivamente al pecado,
renovando voluntariamente las promesas del bautismo, y así nos entregaremos
plenamente a Dios en Jesucristo, por medio de María.
La consagración es una experiencia espiritual que tiene toda la fuerza
para elevarte a una visión distinta de las cosas. Si te animas a hacerla,
es posible que inicialmente no comprendas, o no aprecies en toda su magnitud
a lo que te conducirá esta práctica, pero estamos seguros de
que el Señor, con el transcurso del tiempo, irá haciendo lo Suyo,
y tu corazón se unirá de un modo definitivo a Su Sacratísimo
Corazón, a través del Inmaculado Corazón de María.
Tan cierto es esto, que el mismo San Luis María Grignion de Montfort
escribe en este tratado al que nos referimos: “Infinitamente más
de lo que aquí te digo, te enseñará la experiencia; y
tantas riquezas y gracias hallarás en la práctica, si eres fiel
en lo poco que aquí te digo, que te quedarás sorprendida y con
el alma llena de júbilo” (SM 52 “Preparación para
la Consagración Total”)
Nos consagramos a través de María porque nadie, ningún
alma de hombre mortal, sometió su corazón a la Voluntad de Dios
de una manera más pura y completa que la Santísima Virgen… Por
eso es la Madre de la Iglesia, y por eso fue que Jesús, a la hora de
su muerte, la entregó a Juan, y a todos nosotros a través de él,
como la más sublime guía para llegar al Cielo.
Indudablemente, la consagración no es una “receta mágica” para
obtener la salvación, pues tal receta no existe, y te mentiríamos
si así te la presentáramos ahora, pero de algo sí puedes
estar seguro: Si te consagras y eres fiel a tus promesas, con la gracia de
Dios profundizarás tu conversión hacia cristo, para poder llegar
un día al Cielo.
Esperamos en Dios que así sea, y te ayudaremos con
nuestras oraciones para lograrlo.
Motivos para consagrarse
Si nos tomamos en serio la religión, estaremos de acuerdo en que necesitamos
andar por el camino de la santidad, y mejorar día a día nuestra
manera de obrar, de hablar y de pensar.
Pero sucede que muchas veces no encontramos la manera de cambiar todo aquello
que nos hace daño ante los ojos de Dios, de nuestros semejantes, y ante
nosotros mismos. Más aún, la mayoría de las veces ni siquiera
somos conscientes de qué es lo que está mal; pero de vez en cuando
nos sentimos indignos de recibir tanta bondad, tanta gracia y bendición
de parte de Dios.
Es que verdaderamente tenemos tanto para agradecer al Señor… ¡tanta
maravilla...! El amor del esposo o la esposa, de los hijos, de los padres,
de tu novio o novia, de tus hermanos, de algún otro ser querido… De
verdad es el Señor quien te ama a través de esas personas, es Él
quien quiere estar en todo lugar abrazándote. Siente a Jesús
pues así, como el Ser más tierno que te protege y que quiere
ser tu amigo siempre.
¿Y cómo responder a esta magia infinita? ¡Correspondiendo
al amor con amor!
A pesar de las apariencias, no pretendemos venderte un producto, amigo lector,
queremos que te enamores de Jesús, sencillamente porque Él está enamorado
de ti, aunque tal vez en un arranque de acertada y sana humildad creas que
no lo mereces…
Por eso te proponemos que te consagres a su amor misericordioso. Y te ofrecemos
la herramienta que necesitas para hacerlo: Conságrate totalmente a Jesús
a través del inmaculado Corazón de su amadísima Madre,
ya que, por medio de esta práctica humana y divina, darás toda
la gloria al Señor.
Eso sí, hay un requisito esencial: Debes poner todo de tu parte, y estar
realmente dispuesto a luchar contra el pecado; introducirte y mantenerte en
un estilo de vida que te permita caminar de acuerdo con los designios y la
voluntad del Corazón de Jesús.
Él así lo desea, quiere que perfeccionemos nuestra vida cristiana
cada día: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos." (Jn
14,14) “Sed perfectos como vuestro Padre que está en el Cielo es
perfecto” (Mt 5,48). "Quien dice que permanece en Él, debe
vivir como vivió Él." (1 Jn 2,6)
Si te traemos estas citas bíblicas ahora es para recordarte el deber
que como bautizados tenemos de buscar la santidad, y para que tomes conciencia
del valor y la inmensa ayuda que puede brindarte la consagración en
la consecución de esta meta, que debiera ser el propósito de
todo bautizado.
Sin embargo, es importante que sepas también el enorme compromiso que
una consagración conlleva, ya que luego debes imitar la vida que tuvo
Jesús y la vida que vivió María. La luz que brilló en
los corazones de Jesús y de María fue el deseo, absoluto y permanente,
de hacer en todo la voluntad del Padre. Esa deberá ser tu meta también
una vez que te hayas consagrado.
Si de verdad tienes este propósito, debes saber que la disponibilidad
de tu alma permitirá a nuestra Madre hacer de ti una prolongación
de Sí misma, para presentarte después ante el Señor, pues
Ella será la intercesora en tu conversión voluntaria.
Como dice San Luis María, “Este compromiso de vida, estimulado
constantemente por un conocimiento vital de la madre de Dios, se traduce a
su vez en una verdadera y permanente relación íntima con el corazón
inmaculado de María”. (“Preparación para la Consagración
Total”)
¿Qué es una Consagración y a qué nos conduce?
La consagración es una promesa de amor que se hace a Jesús, a
través de la cual se le ofrece todo lo que uno es, lo que uno tiene
y hace; todo a través del Corazón Inmaculado de la Virgen María,
para que por gracia de estos dos Corazones, cada uno de nosotros viva plenamente
entregado a la voluntad del Padre.
La meta de toda consagración es Jesús; en este caso, la Virgen
María es el medio eficaz para alcanzar mayor unión con Cristo
y es una fuente de protección maternal contra Satanás.
Está claro que no podemos separar a Jesús de María, así lo
enfatiza nuestro querido Papa: “Nuestra relación interior con
la Madre de Dios dimana orgánicamente de nuestra vinculación
al misterio de Cristo…” (Cfr. Testimonio de Juan Pablo II, en relación
con la Preparación para la Consagración Total, según San
Luis María Grignion de Montfort)
Este es el camino que buscamos quienes hacemos la consagración que aquí te
proponemos: Acercarnos a Jesucristo a través del amor de la Santísima
Madre y consagrarnos enteramente a Él.
Sabemos conscientemente entonces, que esto significa vivir fuera del pecado,
obedeciendo a los mandamientos que Jesucristo nos dejó, ratificando
nuestra fe y “construyendo Iglesia” al tratar de ser cada día
más santos.
¿Qué hacer para consagrarse?
Es importante ante todo considerar que la “Consagración Total
a Jesús por María”, de San Luis María Grignion de
Montfort, no se debe tomar a la ligera, como no se puede tomar a la ligera
cualquier otra consagración; pero si hacemos énfasis en ello
es porque esta práctica, en especial, requiere de una preparación
profunda, de mucha seriedad y responsabilidad. En síntesis: Hay que
estar bien convencido para hacerla.
La etapa preliminar en la preparación, necesita 12 días completos,
para que el alma pueda desligarse de “lo mundano”, que es todo
lo opuesto al espíritu de Jesucristo.
Este período es de suma importancia; sin embargo puede variar, en cuanto
al tiempo se refiere, de acuerdo con las necesidades de cada persona que se
quiera consagrar, así como de las circunstancias espirituales en las
que se encuentre. (Por allí habrá quienes consideren que necesitan
más o menos tiempo para “vaciarse”, reconocer lo que se
debe cambiar y romper las ataduras).
Después vienen 3 semanas de oración profunda y meditación:
En la primera semana, el alma tratará de conocerse verdaderamente a
sí misma, en la segunda semana, se buscará un mayor conocimiento
de María, y en la tercera, conoceremos a Jesucristo.
Son 33 días durante los cuales el alma se prepara intensamente para
dar un vuelco decisivo en su vida. El día trigésimo tercero,
que debe coincidir con una de las principales fiestas Marianas o con la festividad
de San Luis María, se hará finalmente la consagración.
Puedes consagrarte en 6 distintas fechas a través del año: el
2 de febrero, fiesta de la Virgen de la Candelaria y de la Presentación
de Jesús en el Templo; el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación
de la Virgen; el 28 de abril, fiesta de San Luis María Grignion de Montfort;
el 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la Virgen a su prima Santa
Isabel; el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen María
a los Cielos; o el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción
de María.
Programa de ejercicios diarios
Para hacer tu consagración el 15 de agosto, Fiesta de la Asunción
de la Santísima Virgen a los Cielos (*)
Primera parte: El vaciado del espíritu del mundo
Duración: 12 días
Se inicia: El 28 de Abril
Termina: El 9 de Mayo
Segunda parte: El conocimiento de sí mismo. (Primera semana)
Duración: 1 semana
Se inicia: El 10 de Mayo
Termina: El 16 de Mayo
Tercera parte: El conocimiento de María. (Segunda semana)
Duración: 1 semana
Se inicia: El 17 de Mayo
Termina: El 23 de Mayo
Cuarta parte: El conocimiento de Jesucristo. (Tercera semana)
Duración: 1 semana
Se inicia: El 24 de Mayo
Termina: El 30 de Mayo
(*) Por tratarse de la fecha posible de consagración más próxima
a la publicación de este número de Jesucristo Vivo, ponemos a
modo de ejemplo las fechas señaladas para la consagración en
la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, aunque puedes
adaptar los tiempos a cualquiera de las otras fechas, calculando nada más
el número de días, que es lo importante.
Al final de esta nota, tendrás en un recuadro las fechas en las que
deberías realizar cada una de las cuatro etapas, para que puedas buscar
la fecha más próxima para tu consagración, si no alcanzaras
a iniciar tu preparación para consagrarte en esta próxima fiesta
de La Asunción de la Virgen.
Primera parte. Los doce días preliminares:
Descubriendo el espíritu del mundo
(Del 13 al 24 de julio)
“El espíritu del mundo, consiste, en esencia, en la negación
del dominio supremo de Dios, negación que se manifiesta en la práctica
del pecado y la desobediencia; por tanto, es totalmente opuesto al espíritu
de Jesucristo, que es también el de María” (“Preparación
para la Consagración Total “según San Luis María Grignion
de Montfort Pág.8).
En esta etapa, trataremos de hacer un profundo examen de conciencia. Evaluaremos
cómo anda nuestra alma y de cuántas cosas del “mundo” debemos
liberarnos o desapegarnos.
Para ello, será muy provechoso que nos acerquemos frecuentemente en
estos días al Santísimo Sacramento, pidiéndole al Señor,
presente en el Sagrario, que nos infunda mucha luz en el discernimiento de
lo bueno y de lo malo. A través de la oración permanente, podremos
poner en blanco nuestra mente e ir abriendo la puerta de nuestro corazón
al Rey de reyes.
Limpiaremos aquel lugar en el que queremos que Jesús sea acogido. “Esta
pureza es la condición indispensable para contemplar a Dios en el cielo,
verle en la tierra y conocerle a la luz de la fe” (“Preparación
para la Consagración Total” según San Luis María
Grignion de Montfort Pág. 8)
Se recomienda leer meditando en estos días el Capítulo 5 del
Evangelio según San Mateo, muy especialmente los versículos 1al
19 y el 48; así como Mt 6,1-15 y 7 1-14.
Segunda parte. Primera Semana:
El Conocimiento de sí mismo
(Del 25 al 31 de julio)
Al entrar en esta primera semana, ya sabemos el tamaño de “cola” que
arrastramos, cuánto llevamos sobre nuestras espaldas, cuánto
de lo mundano nos tiene atrapados. Entonces deberemos arrepentirnos de todos
nuestros pecados, pues es de suponer que ya habremos tomado plena conciencia
de nuestra condición pecadora y mezquina.
Lo importante, en todo caso, es recordar que no estamos solos en esta difícil
prueba, pues ahí nos espera nuestra amadísima madre que quiere
consolarnos. ¿Qué madre no escucha con amor a su hijo? Pues mucho
más lo hará una madre ejemplar como María, la bienaventurada “Madre
de las madres”.
Postrémonos a los pies del Señor pidiéndole a María
que le haga llegar todas nuestras oraciones, nuestro arrepentimiento. Supliquémosle
a Dios, a través de María, el perdón por todos nuestros
pecados, nuestras ofensas y nuestras culpas.
Pidámosle un profundo y sincero deseo de renunciar a nuestra propia
voluntad y de cambiar, pues como dice Tomás Kempis, “necesario
es que tengas verdadero desprecio de ti mismo, si quieres vencer la carne y
la sangre…porque aún te amas muy desordenadamente, por eso temes
sujetarte a la voluntad de otros” (Imitación de Cristo, libro
III, Cap. 13)
La entrega y el sólo deseo de tener un firme arrepentimiento, te mostrarán
el estado al que quedaste, reducido por tus pecados. Jesús y María
te permitirán ver entonces que, aunque “no hayas matado a nadie”,
en verdad eres menos bueno de lo que creías.
Tenemos que estar convencidos de nuestras miserias, pues ese será el
verdadero conocimiento de nosotros mismos. Deberemos analizar esos pecados
recurrentes: esas mentiras “inofensivas”, esos ojos que no se cansan
de ver, esa lengua que no para de hablar mal, esos pensamientos que nos alejan
del Bien… Ese egoísmo que tiene tantas maneras de aflorar e impedirnos
ser más solidarios con los que nos necesitan…
Junto a la Virgen, querido amigo, encontrarás la esperanza necesaria
para no desesperar al verte sin maquillajes. A través de su inmenso
amor, Ella te irá dando la luz para que te conozcas a ti mismo, para
aceptar tus errores con la verdadera intención de superarlos y para
aceptar la voluntad del Padre sin objeciones.
Se recomienda en esta segunda etapa leer con frecuencia (mucho más de
una vez) el Evangelio de San Lucas, Capítulos 11; 13; 16; 17 y 18. Muy
especialmente, los siguientes pasajes 11,1-10; 13,1-15; 16,1-18; 17,1-10; 18,15-30.
Tercera parte. Segunda Semana:
El conocimiento de María
(Del 1º al 7 de agosto)
Hay tanto qué meditar y qué decir sobre María, que podríamos
llenar muchas hojas; por eso se hace muy difícil resumir brevemente
el significado y la importancia de su existencia en nuestras vidas.
En esta semana, acercándonos ya a la etapa final de nuestra preparación,
nuestra amada Madre nos invita a despojarnos de todo aquello que nos impide
hablarle con sinceridad y plena confianza para pedirle su intercesión.
María quiere, a través de su amor maternal, recostar en su regazo
a cada uno de sus hijos confundidos.
Va a brindarte, en un angelical y tierno abrazo, toda la seguridad que necesitas
para pedir el perdón y así reconciliarte con Dios Padre y con
su amado Hijo Jesucristo.
“Tenemos que unirnos a Jesús por María, ésta es la
característica de nuestra devoción…”, nos dice San
Luis María Grignion en la Pág. 52 de la “Preparación
para la Consagración Total”. De allí la necesidad de conocer
a María verdaderamente: de apreciar a María la Virgen, la mujer,
la madre, la amiga, la confidente; el eje de nuestra Fe; hermana, luz, misericordia,
bondad, pureza, inocencia, lealtad… A esa María que encierra en
sí el mejor ejemplo de vida al que todos deberíamos seguir.
Aunque muchos la veneramos o respetamos, no todos le damos la importancia que
Ella tiene en el camino de nuestra santificación; no le permitimos actuar
en nuestras vidas con el Poder que el Altísimo le ha conferido como
mediadora, intercesora y protectora de la Iglesia.
En esta tercera etapa de nuestra preparación, deberemos esforzarnos
por imitar la grandeza y humildad de la Reina del Cielo. Vamos a reconocer
en ella el molde perfecto en el que podemos ser moldeados y de esta manera,
hacer nuestras sus intenciones y disposiciones.
Pero como nos lo advierte el santo autor, “…no lo conseguiremos
sin estudiar la vida interior de María, o sea sus virtudes, sus sentimientos,
sus acciones, su participación en los misterios de Jesucristo y su unión
con Él”. (Obra Citada Pág.53)
Si es posible durante toda tu preparación, pero de un modo especial
en esta tercera parte, te recomendamos el rezo diario del Santo Rosario.
Después de rezarlo, cuando puedas, lee los Capítulos 1 y 2 del
Evangelio de San Lucas; poniendo especial atención a los siguientes
versículos: Cap. 1,26 al 56 y Cap. 2,15 al 35 y 42 al 52. También
se recomienda la lectura del Evangelio de San Juan, Capítulo 2, versículos
1 al 11 y Capítulo 19, 25 al 30.
Cuarta parte. Tercera Semana.
El conocimiento de Jesucristo
(Del 8 al 14 de agosto)
En este periodo conoceremos a Jesús, al Hombre-Dios, que habiendo vencido
a Satanás y a sus tentaciones, al mundo y a la misma muerte, se convierte
en nuestro Señor.
Reflexionaremos también sobre su vida interior, las virtudes y los actos
de su Sagrado Corazón. Meditaremos especialmente en su infancia y en
su vida pública: la relación que tenía con la gente que
lo seguía, sus parábolas, milagros y sanaciones…
Este conocimiento, nos conducirá al fin último, que es su amor,
es su presencia en nuestras vidas. Así lo sostiene Grignion de Montfort: “Jesucristo
nuestro Señor, verdadero Dios y verdadero hombre, debe ser el fin último
de nuestras devociones; a no ser así, serían falsas y engañosas.
Jesucristo es el alfa y el omega, el comienzo y fin de todas las cosas” (Obra
Citada, Pág.87)
Se recomienda leer meditando profundamente el Evangelio según San Juan,
Capítulos 14, 15, 16 y 17, y el Evangelio según San Mateo, Capítulos.
26 y 27.
¿Tentaciones...? ¡Precauciones!
Sabemos conscientemente que nacimos con inclinación hacia el pecado,
esa es nuestra naturaleza caída, tal cual lo relata el Génesis.
También lo dice Job: “Tentación, es la vida del hombre
sobre la tierra.” Y tantos otros pasajes bíblicos…
Muchos se preguntarán por qué hablamos de tentaciones en esta
nota, si el que la lee es justamente quien quiere deshacerse de ellas. Pero,
aunque no lo hayamos pensado, es de allí de donde no se puede salir
tan fácilmente, porque hay pequeñas y grandes ataduras que nos
van estirando y envolviendo. Muchas veces no las aceptamos, o tal vez ni las
percibimos.
En aquella primera faceta de “vaciado del espíritu mundano” de
los primeros doce días, al que se hace referencia, es donde podemos
quedarnos estancados, por no poder o no querer renunciar a aquellas “tentaciones”,
que con tanta facilidad pueden convertirse en pecados.
Sabemos que todo aquello que nos conduce al bien, en este caso, la Consagración,
se constituye en motivo de molestia para el maligno, por ello seguramente no
faltarán las piedras de tropiezo en este arduo camino. Y esos obstáculos
se verán reflejados en tentaciones, leves o fuertes, que irán
probando permanentemente la fe que tenemos en nuestro verdadero Dios.
San Luis María nos dice que: “El principio de toda tentación
es la inconstancia del ánimo y la poca confianza en Dios” (“Preparación
para la Consagración Total” según San Luis María
Grignion de Montfort Pág.24)
Por tanto, cada uno debe tener cuidado y velar en oración. Debemos intensificar
nuestra entrega a Dios para no dejar entrar al enemigo en nuestros planes de
santificación; y esta práctica comprometedora no será la
excepción.
Cómo hacer la Consagración
Conviene que inicies esta preparación con una confesión, y que
igualmente, una vez concluidos los treinta y dos días, te reconcilies
nuevamente con Jesús a través del sacramento del Perdón.
Ya renovado y dispuesto a comenzar un camino limpio, vas a recibir la comunión
con la intención de entregarte totalmente a Jesucristo, en calidad de “esclavo
de amor”, por medio de María.
Es conveniente tener lista la consagración escrita o impresa en un papel,
ya que después de recibir al Señor en la Eucaristía, tendrás
que repetirla frente a Él.
En la práctica, es importante para cada uno de nosotros “pagar” a
Jesús y a la Virgen algún tipo de tributo para resarcir las faltas
que tuvimos a lo largo de nuestra vida: Todas las infidelidades vividas, el
renegar de Dios, el no aceptar Su voluntad, etcétera. Estos errores
tienen que ser remediados…
El tributo que mencionamos, dependerá de la devoción y capacidad
de cada persona, y de cuánto quiera ofrecer a Dios por su perdón.
Puede ser un ayuno, una mortificación, una limosna o lo que uno quiera.
Lo importante de todo esto, es la entrega y el amor con que cada quien lo haga.
Nuestro amado Dios conoce nuestro arrepentimiento y Su misericordia siempre
será más grande que cualquiera de nuestros pecados.
Finalmente, recordamos que cada año deberá renovarse esta consagración
en la misma fecha. No es necesario que se haga toda la preparación nuevamente,
pues es de suponer que a partir de que nos Consagremos, nuestra vida habrá cambiado
de rumbo, y tendrá como principio y fin el servicio a Jesucristo y a
nuestros hermanos.
La “Preparación para la Consagración total”, según
Luis María Grignion de Montfort, trae una meditación y una oración
para cada uno de los 33 días que dura. Por motivos de espacio, no podemos
ofrecértelas en esta revista, pero si no tienes la posibilidad de acceder
a ese libro, te pedimos que visites cualquiera de nuestros sitios de Internet
(www.jesucristovivo.org, o www.a-n-e.net) Allí encontrarás el
material completo para poder hacer tu Consagración…
Si gustas, puedes suscribirte al boletín para la Consagración,
y recibirás diariamente, por e-mail, los textos correspondientes a cada
día. Solicítalo enviando un e-mail a la dirección electrónica
consagraciones@a-n-e.net
Que Dios te bendiga y nuestra amada Madre María interceda por ti acompañándote
en el camino de tu salvación.
Acto de Consagración de sí mismo
1.- A Jesucristo, la Sabiduría encarnada por medio de MARÍA (TVD
pág. 176)
Arrodillados ante Dios, en voz alta, y con todo el corazón:
“¡Oh Sabiduría eterna y encarnada! ¡Oh amable y adorable
Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre
Eterno y de María, siempre Virgen! Os adoro profundamente en el seno y
en los esplendores de vuestro Padre, durante la eternidad, y en el seno virginal
de María, vuestra dignísima Madre, en el tiempo de vuestra Encarnación.
Os doy gracias porque os habéis anonadado tomando la forma de un esclavo
para sacarme de la cruel esclavitud del demonio. Os alabo y glorifico porque
os habéis sometido a María, vuestra Santa Madre, en todo, a fin
de hacerme por Ella vuestro fiel esclavo. Pero ¡ay! Ingrato e infiel
como soy, no he cumplido las promesas que tan solemnemente os hice en el bautismo;
no he guardado mis deberes, no merezco ser llamado vuestro hijo ni vuestro
esclavo, y como nada hay en mí que no merezca vuestra repulsa y vuestra
cólera, no me atrevo a aproximarme por mí mismo a vuestra Santísima
y Augusta Majestad. Por eso he recurrido a la intercesión de vuestra
Santísima Madre, que Vos me habéis dado como medianera para con
Vos, y por este medio espero obtener de Vos la contrición y el perdón
de mis pecados, la adquisición y la conservación de la Sabiduría.
Os saludo, pues, ¡oh María Inmaculada! Tabernáculo viviente
de la Divinidad, en donde la Sabiduría eterna escondida quiere ser adorada
por los Ángeles y los hombres.
Os saludo, ¡oh Reina del cielo y de la tierra!, a cuyo imperio está sometido,
todo lo que está debajo de Dios.
Os saludo, ¡Oh, refugio seguro de los pecadores, cuya misericordia no
falta a nadie! escuchad los deseos que tengo de la divina Sabiduría,
y recibid para ello los votos y las ofertas que mi bajeza os presenta:
2.- Al Inmaculado Corazón de María
Yo, (Nombre del consagrante), pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en vuestras
manos los votos de mi bautismo; renuncio para siempre a Satanás, a sus
presunciones y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría
encarnada, para llevar mi cruz tras Él todos los días de mi vida.
Y a fin de que le sea más fiel de lo que he sido hasta ahora, os escojo
hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la corte celestial, por
mi Madre y mi Señora. Os entrego y consagro en calidad de esclavo mi
cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y aun el valor de mis
buenas acciones pasadas, presentes y futuras, otorgándoos un entero
y pleno derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin
excepción, a vuestro agrado, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo
y en la eternidad.
Corazones.org.