SANTORAL DEL DIA

11 de Febrero
SAN BENITO DE ANIANO, Abad
Alrededor 821

Se llamaba Witiza y era visigodo, del sur de las Galias. Fue paje en la corte de Pipino el Breve, pero debió de ser un muchacho demasiado reflexivo y amante de la soledad para la vida palaciega, y acabó retirándose a la abadía de San Secuano, cerca de Dijon.

Sus hermanos en religión le detestaban por severo (les negaba hasta el vino que concedía la regla), y los rigores de su ascesis parecían echarles en cara costumbres relativamente cómodas. Entonces Witiza decidió volver a su tierra natal, el Languedoc, y allí, junto al río Aniane, fundó una comunidad con una regla mucho más estricta que la de san Benito, que a su juicio pecaba de condescendiente.

La suma pobreza, el trabajo durísimo y los implacables ayunos (sólo pan y agua) que hacían morir a los monjes de inanición frustraron su intento, y hacia el 782 Witiza rectifica: adopta el nombre de Benito así como también la regla del santo fundador de Nursia, y levanta un nuevo monasterio cuya influencia se extiende hasta convertirle de modo virtual en el abad supremo de todo el monaquismo carolingio.

En el monasterio de Inden, que construye Ludovico Pío para él cerca de Aquisgrán, es guía y maestro de la Europa civilizada, siempre con su férreo y característico talante absoluto, disciplinado y centralizador, sin más ley que la regla, que no debía interpretarse ni comentarse, sólo cumplirse.

La mentalidad de Benito de Aniano no le sobrevivió, y la vida monástica tuvo moldes más flexibles que los suyos; para la historia fue, pues, un fracaso, y para la santidad un ejemplo de lo caducas que suelen ser las iniciativas personales, por elevadas que sean. Tras él dejó semillas de exigencia y afán de perfección.

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